Fecha de publicación: 30 de jun 2026
¿Por qué fallan los proyectos antes de codificar?
Autor: Aldo Rojas - Project Manager
Dirección de Proyectos
Situémonos en el inicio de cualquier proyecto en que alguna vez hemos participado. Nuestro jefe reúne a todos los involucrados del proyecto y comienza a dar instrucciones de "qué se debe desarrollar", "los costos que debemos respetar" y "las fechas que debemos cumplir". Todos nos ponemos manos a la obra y, al cabo de unos meses, el proyecto comienza a sufrir retrasos, el equipo se encuentra agotado y el cliente molesto; es cuando solemos decir: El proyecto falló por una mala implementación.
Y aunque en ocasiones esto puede ser cierto, con el paso de los años he llegado a una conclusión diferente: muchos proyectos comienzan a desviarse mucho antes de que el equipo inicie el desarrollo. No ocurre cuando fallan las configuraciones en el ambiente de pruebas, ni cuando se identifica el primer defecto en producción. Sucede desde etapas más tempranas, cuando aún estamos definiendo "qué queremos lograr" y más aún cuando no comprendemos "por qué queremos hacerlo".
Con estas bases sentadas, me gustaría exponer algunos de los factores que nos pueden ayudar a prevenir que repitamos estos patrones en cada proyecto implementado.
Comencemos con definir un alcance, que aunque parezca básico, muchas veces no lo tomamos con la suficiente seriedad que esto implica. Con frecuencia tenemos la presión de avanzar rápidamente hacia la ejecución, pero dedicar tiempo a entender el problema, identificar las necesidades reales y establecer expectativas claras suele ser una de las mejores inversiones que puede realizar una organización. Un alcance bien definido no elimina todos los riesgos, pero sí proporciona una dirección común para todos los involucrados.
Otro aspecto que suele pasar desapercibido es la importancia de contar con procesos claros y documentados. Es común que las organizaciones conozcan sus operaciones de manera superflua y basada en la experiencia de sus profesionales. Sin embargo, cuando ese conocimiento permanece únicamente en la experiencia individual, los proyectos enfrentan un reto adicional: primero deben descubrir cómo funciona realmente la organización antes de poder proponer mejoras.
El contar con áreas destinadas a la documentación dentro de una organización proyecta un alto nivel de madurez, lo cual logra facilitar la comunicación y reducir la incertidumbre durante la ejecución, dedicando tiempo efectivo a cada una de las etapas del desarrollo del software.
El tercer punto es más una cuestión ideológica que de gestión, lo cual la vuelve la más complicada de adoptar. En la cultura actual existe una preocupación natural por evitar errores desde el inicio. Sin embargo, los proyectos más exitosos en los que he participado comparten una característica en común: permitieron equivocarse temprano.
Puede parecer contradictorio, pero identificar una idea poco viable durante una sesión de análisis, una prueba de concepto o una validación temprana resulta considerablemente más económico que descubrirla meses después, cuando el esfuerzo ya fue invertido.
Por ello considero que uno de los mayores retos para cualquier líder no consiste en exigir perfección, sino en crear espacios donde los equipos puedan aprender, cuestionar supuestos y ajustar el rumbo antes de que las decisiones se vuelvan costosas. Es como dijo Voltaire: "Lo perfecto es enemigo de lo bueno", lo cual nos advierte sobre el perseguir la mejora constante hasta el punto de impedir que algo valioso llegue a concretarse. Y es justo aquí donde el agilismo nos aporta una perspectiva valiosa: falla antes, aprende más rápido.
Tomando en cuenta estos tres factores, considero que las organizaciones obtienen mejores resultados cuando permiten que las etapas iniciales de descubrimiento, análisis y validación reciban el tiempo necesario. Al principio, podrá parecer que el avance es más lento, pero los beneficios suelen reflejarse posteriormente en una mejor toma de decisiones, menos retrabajo y una mayor probabilidad de alcanzar los objetivos esperados.
La reflexión que quiero compartir con todos es que no debemos centrarnos en cómo acelerar los proyectos desde el inicio de estos, sino en cómo crear las condiciones adecuadas para que comiencen de la mejor manera posible, ya que los proyectos más exitosos rara vez son los que avanzan más rápido desde el primer día; generalmente son aquellos que dedican tiempo a entender el problema correcto y permiten que el aprendizaje ocurra cuando aún es seguro equivocarse.